martes, 26 de febrero de 2013

Lo que me enseñaron

Me enseñaron a no hacer ruido mientras mis mayores dormían la siesta. Eran una cárcel esa horas, y eran La máquina del tiempo, y El hombre invisible, y Viaje al centro de la tierra, y las primeras ganas de salir en busca de aventuras a algún lugar donde pudiera armar escándalo.
Me enseñaron a no molestar nunca, nunca, nunca. Me enseñaron así las tácticas terribles del regomello.
Me enseñaron que la gente a la que se le acababa de morir el padre, la hija, el marido, podía hablar mal de mí si yo no iba a decir mi frasecita en el ceremonial funerario.

Me enseñaron que cuando fuera madre, comería carne, y que los niños, oír, ver y callar.
Me enseñaron a procurar no llamar mucho la atención.
Me enseñaron a bajar la voz para que los vecinos no se enteraran de lo que pasaba en mi casa.

Me enseñaron un catálogo minucioso de maneras en las que una puede quedar en ridículo.
Me enseñaron que la risa de los demás era siempre una cosa temible.
Me enseñaron a sospechar de que, detrás de cada gesto de atención, de cada mirada un poco detenida, pudiese haber agazapado un juicio negativo.
Me enseñaron a huir de la crítica ajena como de las víboras.

Me enseñaron a que el futuro me sonreiría si aprendía a dar las respuestas que otros consideraban correctas. Me enseñaron a guardar dentro de mí una copia de lo que venía escrito en los libros de texto, y a devolverla intacta cuando me la pidieran mis maestros.
Me enseñaron que un diez significaba talento e inteligencia. Me enseñaron una escala de notas con la que medirme a mis compañeros. Me enseñaron a competir y a desear quedar por encima de ellos.
Me enseñaron a que me asustara la posibilidad de cometer errores.
Me enseñaron que la pereza era una cualidad propia de los pobres de espíritu.

Me enseñaron a defender mi territorio.
Me enseñaron una variedad de circunstancias cotidianas en las que es mejor ahorrarse las sonrisas. En el aula, en el banco, en la consulta del médico, o esperando a que cambie de color el semáforo.
Me enseñaron a apretar los dientes y a mostrarme circunspecta.
Me enseñaron a considerar un regalo imprevisto casi como una amenaza.
Me enseñaron que es mejor no necesitar nunca a nadie.

Me enseñaron la conveniencia de no quedar nunca expuesta.
Me enseñaron que a la gente no hay que decirle alegremente que la quieres.
Me enseñaron a respetar escrupulosamente la distancia correcta entre los cuerpos. Me enseñaron que la intimidad es peligrosa.
Me enseñaron lo comprometido que puede ser mostrarte sola y enamorada. Me enseñaron a no dejar traslucir mi deseo.

Me enseñaron a presentar mi cuerpo como un curriculum.
Me enseñaron a esconder lo que no se ve perfecto.
Me enseñaron a calibrar mi valía en función de la apariencia de otras mujeres. Me enseñaron a compararme con la más guapa y a rastrear si en una reunión las hay más feas.
Me enseñaron a que si no se enamoraban de mí, yo era un ser fallido o incompleto.

Me enseñaron que detrás de cada elección hay un peligro. Y detrás de cada iniciativa, un peligro; y de cada contacto, un peligro.
Me enseñaron que de la muerte no se habla.
Me enseñaron a decir me enseñaron, en lugar de aprendí.

También me enseñaron a ser cortés y a ponerme en la piel de los demás. A ser independiente y a resolver mis propios problemas, antes de esperar a que otro los solucione por mí. Me enseñaron a esforzarme, y a hacer lo que tengo que hacer sin buscar un premio. Me enseñaron a no ser más caprichosa de lo que puedo permitirme, y que las cosas que uno quiere no cuelgan de los árboles. Me enseñaron a no hacer daño. Me enseñaron a ser un buen ser humano.

10 comentarios:

  1. Anónimo entre comillas26 febrero, 2013 23:52

    Se nota que hemos compartido "cole" y maestros.
    Yo, además de todo eso que nos enseñaron, también aprendí a desaprender muchas de esas enseñanzas y así la vida resulta más fácil.
    Me gustó mucho el final de uno de tus últimos post: "Sólo había que dejar de tenerle miedo a la lluvia". Eso es.

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    1. Lo que me engancha a los comentarios, creedme, no es la palmadita en el ego, sino que lo que yo escrito se mejora y perfecciona con lo que escribís vosotros. Tu puntualización es redonda.

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  2. GENIAL, SILVIA!, y comparto con Comillas. Qué bonito es el proceso de desaprender y también la transformación del rencor/fastidio en agradecimiento. Aprendemos por comparaciones. Y elegimos la opción que más nos va.
    Besos mil!

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    1. No, rencor, no. Bastante tienen las criaturas humanas con su propia vida como para hacerlo a las mil maravillas con la de los demás.
      Besos a ti, socia colaboradora.

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  3. Cuèntanos tambièn de lo que aprendiste por ti misma. Querràs?

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  4. Me sumo a vosotras,entre comillas,mismos maestros y misma escuela,yo ahora estoy en ese proceso de enseñar a un chiquitajo,y os lo digo,no es tarea facil y se intenta hacer lo mejor que nos enseñaron,y que hemos desanpredido en otro motón de cosas que nos han ido pasando por el largo camino que llevo ya.

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    1. Y vendo cómo te está saliendo el chiquitajo, queda claro que has aprovechado de sobra tu largo camino.

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  5. Quienes fueron tus enseñantes,¿los talibanes?.

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    1. Jajaja, jijiji, jujuju.

      Está feo señalar, mujer.

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