sábado, 7 de febrero de 2015

Trajinadme a mí las células


Las noticias corren como cometas por el cielo, inflamándose y disipándose al mismo tiempo casi. Los telediarios juegan a ver quién la dice más grande, más vistosa, más corrupta, más dramática. Tu atención no es la herramienta mejor diseñada de todos los sentidos animales; tu capacidad de enfoque hace aguas. Intenta llevar con una cucharilla a tu casa la que sale de una fuente.

Algo nuevo sorprende la piel de tu mente. Una gota te salpica y, antes de que te des cuenta, resbala hacia la amnesia. Tienes que darte prisa. Cazar mariposas, pescar con las manos, embalsamar las primicias. Pon en adobo la realidad cruda para que aguante. A ver si así te da tiempo a digerirla. Anota en mil papelitos lo que despierte tu interés, antes de que esa bengala loca se apague. Intenta descifrarte después.

Aquí tienes una de esas reglas mnemotécnicas que luego nunca recuerdas, una de las malas pistas: 
 
                                         Un hijo de tres padres

¿A qué se refería esto? ¿Qué querías decirte a ti misma? Cinco palabras para condensar una impresión demasiado rápida. A veces uno tiene que hacer arqueología con su propia vida.

Ah, sí. Ya lo tengo. Era esta noticia. Se desarrolla la técnica para evitar la transmisión de enfermedades mitocondriales de madres a hijos, vaciando un óvulo donante, sano, de su meollo genético y rellenándolo con el núcleo del óvulo problemático. Leed el artículo porque es fascinante. Voilá. Bricolaje genético. Matemática de la existencia :

Núcleo de óvulo 1 + (óvulo 2 - núcleo) + espermatozoide que ni pincha ni corta = embrión.
Madre 1 + Madre 2 +Padre = Hijo sano.
Una madre nuclear que aporta la mitad de un manual de instrucciones. Una madre mitocondrial que dona la batería al proyecto. Quién no se pone a elucubrar.

Quién no piensa en la escala milagrosamente ridícula en la que sucedieron los primeros pasos de su vida. Dos cuerpos usados de manera flagrante por un puñado de cromosomas con el único propósito de replicarse. Dos células, y dentro de una de ellas, las mitocondrias que alimentarán el nuevo sistema. La primera central térmica de una biografía. Un pebetero cuya llama encenderá los trillones de células que, puestas una detrás de otra, responderán un día a tu nombre. 
 
De esta cagarruta parte tu fuerza. Y de aquí la foto.
 
Quién no piensa en esa energía encerrada en algo tan pequeño, capaz de evolucionar hacia algo tan arbitrario, tan fugaz y definitivo. Tan inmenso como la maraña de relaciones físicas, sociales y digitales que pueden llegar a desarrollarse a partir de un huevo.

Quién no imagina haber sido inoculado con la energía de una madre distinta a la que le condenó a uno a los ojos azules, el ictus temprano, la incapacidad para ser persona antes de la una de la tarde, o la tendencia a la melancolía. Mitocondrias no ya sanas, sino específicas para el tipo de opciones que tu código genético te permitirá desplegar. Un tipo de energía que no sabotee tu vocación natural. ¿Te imaginas? Que la ciencia llegue a corregir esas pequeñas asimetrías: si se te activa un gen jardinero, que no te toque una frenética mitocondria de corredor de bolsa. Si un escalador de ochomiles te habita, ojalá la ingeniería genética pueda librarte de esa fabriquilla celular indolente y remolona.

Quién no sueña con que en su propia máquina orden y fuerza vayan a una. La inclinación y la potencia adecuada para cumplirla.


10 comentarios:

  1. En teoría sí, todos soñamos con eso. Aunque a veces la medicina del futuro da un poco de grima: ¿quien nos garantiza que no salimos del médico convertidos en unos saludables, robustos, rollizos e indestructibles... nazis, por ejemplo? Porque claro, se empieza por la salud física y se sigue por la salud mental, y ya me gustaría a mí saber quíen decide los parámetros en ese tipo de salud....

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  2. A mi mas que grima me da un poco de "cangele". Stigmata ya deja claro que pasa con este tipo de cosas. Tú vales que estás geneticamente bien hecho y tú no que a saber como vas a salir.
    No, no me gusta nada este plantemiento.

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  3. Anónimo entre comillas08 febrero, 2015 23:02

    ¿Cómo resolverán los doctores de la iglesia estas ecuaciones?

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  4. Hay una peli de ciencia ficción que se titula Gataca, es una de mis favoritas de ese género y la recomiendo si no la habéis visto. Banda sonora espectacular de un Michael Nyman tan bueno como en sus primeros tiempos...
    Yo creo, como en la película, que a pesar de nuestros antecedentes (genéticos, sociales, policiales,...), podemos ser libres. Cuestión de proponerselo con verdadero ahínco.

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  5. Hay una peli de ciencia ficción que se titula Gataca, es una de mis favoritas de ese género y la recomiendo si no la habéis visto. Banda sonora espectacular de un Michael Nyman tan bueno como en sus primeros tiempos...
    Yo creo, como en la película, que a pesar de nuestros antecedentes (genéticos, sociales, policiales,...), podemos ser libres. Cuestión de proponerselo con verdadero ahínco.

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  6. Pero si estábamos sólo imaginando, no apostando por lo más radical de una ingeniería genética. Elucubrando si sería posible erradicar a nivel profundo la asimetría entre fuerza y ganas. ¿Deseable? Si nunca hubiera tensión entre lo que uno quiere y lo que puede, no habría aventura.

    ¡Todavía no he visto Gattaca!

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    Respuestas
    1. ¡Eso, Gattaca!

      (Stigmata... ¡madre mía!)

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