martes, 14 de junio de 2016

Más sobre la vocación

 
Lectores de largo recorrido, no puedo evitar volver a hablar de la vocación. Disculpadme. Sé que es un tema viejo y recurrente. Cuento con que tenéis cierta idea de mi postura al respecto. Pero sé también que la memoria es holgazana como la cigarra de la fábula, y que la edad de este chiringuito me concede ciertas prebendas. Ni yo misma sé a estas alturas lo que he dejado escrito: creo que me puedo dar el lujo de repetir batallitas.

Así que la vocación. ¿Verdad que hay palabras que tienen una densidad especial en tu vida, que hace que te resulte complicado tragarlas? Palabras ácidas que causan reflujo. Asuntos que se repiten como el ajo. Piensa en las tuyas. Sintetiza los rings en los que a lo mejor, sin darte cuenta siquiera, la pelea no ha terminado todavía. Egoísmo. Intimidad. Muerte. Entrega... No digo que estas sean las mías. Pero la vocación sí que es una de ellas.

Un derechazo a la mandíbula que no siempre he sabido esquivar. Un hueso que me ha crecido mal. Yo ando un poco raro. Basculo el pie hacia dentro, y camino al borde del huuy porque roto las rodillas más de la cuenta.. Nadie estudió mi pisada de pequeña, a nadie se le ocurrió que debiera ser corregida. Todos los kilómetros que llevo en las piernas los he hecho a pesar de mi huella. Pues con la vocación lo mismo.

Desde muy temprano quedé deslumbrada con su mito. Como cualquiera. La vocación tiene buena prensa. Comparte campo semántico con la pasión, el empuje, el destino. Vivir es un trabajo difícil que se suaviza cuando estás inclinado hacia algo; cuando tienes una brújula interior que no confunde el norte. Creer que estás hecho naturalmente para cantar, escribir, o censar pájaros simplifica mucho las cosas. Basta con escuchar tu vocación y cumplir su mandato.

El problema es cuando naces sin ella. Tienes que emplear un tiempo enorme en dibujar mapas mentales que te lleven a algún sitio. Sientes que te falta algo. Ese músculo que otros tienen. Ese convencimiento. Ese brillo. Y nadie te corrige el prejuicio de que sin vocación definida no hay camino. Tienes que hacer kilómetros a costa de su ausencia.

Resulta que yo no tengo más vocación que la lectura. Y la alegría, supongo. Y escuchar cancioncillas. Podría pasarme la vida tumbada con un libro y canturreando. Pero como también soy un bicho curioso, me levanto y olisqueo el aire. Voy de aquí para allá y hago cosas, y a veces sé íntimamente que ningún mandato propio me obliga a ello y que podría dejar de hacerlas si me lo propusiera. El bosque, el ejecicio físico, la escritura, son amores sobrevenidos.

Y ahí está la clave que he encontrado para digerir mi palabra ácida. No tengo vocación, pero ya no la envidio cuando otros hacen gala de ella. Porque lo que tengo es una facilidad feroz para enamorarme. Vale, es un inconveniente a veces. Es una fuerza inconstante y no siempre recíproca, diga lo que diga la tercera ley de Newton. Pero también es un modo de vertebrar tu vida tan bueno como la más definida vocación innata. No importa que no tengas planos, ni agilidad o fuerza bruta en las piernas. Veletas, despistados, corazones de peso pluma, novatos: que la falta de vocación no os hiera. A veces basta con montarte en el vagón de tus flechazos.

(Y en el próximo post tal vez os cuente el último)

8 comentarios:

  1. Cómo me gusta que lo recuerdes... Yo iba a empezar diciéndote que llevo un tiempo siendo "fans" de la palabra NADA y que desde que me deshago vivo en mayor armonía, pero he pensado que lo contrario de vocación sería ¿des-vocación? Y de ahí me ha llevado a "desbocarse" y no me imagino a un caballo loco sino a uno libre. Y con ese regusto me he zampado tu post.
    Beso, mi guaper

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    1. Al fin y al cabo, la vocación puede ser como una faja. Y qué gusto da soltar tripa
      (quien la tenga)

      Mil besos, compañera de nada y de mucho.

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  2. Solo llevo unos dias visitando tu espacio gracias al consejo de un compañero. Felicitare y agradecerte por ese don que tienes de poder emocionar a la gente. Me has dejado huella

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    1. ¡¡No, no, gracias a ti!! Emocionar emociona.

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  3. Creo que está muy sobrevalorada (la palabra vocación).

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    1. Como tantas otras de las que brotan en charlas de bar, tertulias y panfletos de autoayuda.

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  4. Quiero saber de ese flechazo ---->

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    1. En el siguiente capítulo. Has caído en la trampa básica de la narrativa.

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