domingo, 22 de mayo de 2016

Me pica tó


Repite conmigo.

Garrapata.
Garrapata.
Garrapata.

¿Cómo te sientes? ¿Alguna sensación? ¿Algún cambio? ¿No te parece como si de repente te anduvieran cosas? En las ingles, en la cabeza, en la espalda...¿Lo notas? Es la desagradable impresión de que tu cuerpo ha sido invadido. Si eres un mamífero como dios manda, probablemente ahore te estés dando manotazos, espantándote insectos fantasma. A tu mente racional tal vez le resultes un poco lelo. Ella sabe que tu piel sigue tan o tan poco intacta como antes de que comenzaras la lectura. Se niega a ver otra cosa que los habituales huéspedes y okupas: células muertas, bacterias amigas, polen mezclado con carbonilla y sebo. Pero tu piel tiene una opinión distinta. Percibe clarísimamente, ahí, no, ahí, ah, ahí también, que la están recorriendo bichos.

Atrévete a decir que no te estás rascando. Animalito amablemente recogido aquí

Las dos están en lo cierto. Tengo una teoría: a tu corteza cerebral le parece a veces bastante útil que sufras alucinaciones. Si por alguna razón se dispara una alerta, la percepción sensorial se activa de modo que empieces a preparar la defensa. La respuesta se produce antes de que un estímulo real le haga cosquillas a las terminaciones nerviosas de tus ingles. Sí, me doy cuenta. Mi teoría es un trasunto del condicionamiento clásico demostrado por Pavlov. Donde dice perro, di tú mismo. Donde dice comida, di tu historia particular de bichos. Donde dice campanilla, di bloguera inconsciente repitiendo el nombre de un ácaro repulsivo.

Lo que yo propongo es que la ilusión es un mecanismo adaptativo. Que es útil: ante la posibilidad de un estímulo, el cuerpo se prepara y reacciona. No hay garrapata real, pero ¿y si la hubiera? Por si acaso, la has espantado. Piensa en qué hábitat se desarrollaron tus ancestros peludos. En la sabana. Entre herbazales. Piensa cómo tendrían las orejas por dentro. Piensa en la sensación de ver cómo un bicho se pone gordo a tu costa. La garrapata es peor enemigo para el género Homo que el tigre dientes de sable.

Le regalo mi teoría a la ciencia neuroevolutiva. De nada.

Lo que yo me pregunto ahora es si toda ilusión no será en realidad igual de útil. Si te enamoras de personas que sólo existen en tu delirio porque a tu aparato reproductor le haga falta en ese momento un bañito de hormonas. Si las opciones vitales de que dispones te parecen un soberano aburrimiento para que tu imaginación se haga más rica. Si una soledad ficticia te quiebra sólo para que prestes a lo que te rodea una atención amorosa.

Todo esto viene, por supuesto, a que en mi casa se está viviendo un episodio agudo de paranoia. Nos sentimos correteados, acechados por las garrapatas, calibrados como terneras aptas para el matadero. De vez en cuando hasta las vemos. Yo ya he desbaratado un par de alegres excursiones por mi brazo. Jose se ha arrancado un bicho de la corva. Una se paseó con descaro por el mármol del suelo, como diciendo “este no es mi medio, y lo sé, pero ¿a que te aterra que me termine adaptando?”. El cuarto de baño se ha convertido en una especie de cámara de seguridad contra el Ébola. Ahí nos quitamos la ropa de trabajo, y no salimos hasta que declaramos hasta el último calcetín zona libre de arácnidos. Me sacudo la selva amazónica que tengo en la cabeza. En cierto modo, me vareo. Y luego, nos espulgamos. Como suena. Como monitos. Es sumamente placentero. Nos protejemos mutuamente del peligro. Nos tocamos.

Y he descubierto también esto: no podría entenderme igual con alguien que no pudiera sufrir este tipo de paranoia. Que no tuviera lo que antes llamé una historia personal de bichos. Que no se hubiera expuesto nunca. Que no oliera ni remotamente a campo.

Está claro que percibir más de la cuenta tiene sus beneficios.


7 comentarios:

  1. Ilusión. Ilusión. Bonita palabra...
    Un beso.

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    1. ¿I-luz-ión? Bonito!!.

      Otro para ti.

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  2. Se acepta tu teoría neurevolutiva!
    😉

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    1. No paro hasta que no me entreviste Punset.

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  3. La foto un asco, ¿eh?
    El "tecsto" una preciosidad! :)
    Besos.

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    1. Jojojo, un asco, dices. Si tú supieras lo que he censurado...

      Muchos.

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  4. ¡¡¡Bicho repugnante!!!

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