miércoles, 25 de marzo de 2015

Magenta

 
En cuanto me cruzo con ella por la calle me enamoro de su color de labios. Si yo los llevara así diría que me los he pintado fucsias. Pero esa es una palabra vulgar para una boca que parece un poema. Destaca en su rostro como si se la hubieran tallado, porque los lleva perfilados exactamente en el mismo tono que el del pintalabios. Yo no soy capaz de semejantes rigores. Y por eso mi boca no parece un poema. Ni uno de esos edificios firmado por un arquitecto estrella. Ni la excusa en torno a la cual filmar una película muda. Su línea superior tiene todas esas aristas peligrosas de una flapper de los años veinte. Los lleva magenta, claro. Un color de nombre excesivo.

Y sin embargo lleva la cabeza baja, como si se avergonzara de tener esa mariposa encima, esa orquídea. Su boca no es suya del todo; a lo mejor se la han transplantado sin pensar en el posible rechazo. El resto de su cara es tan común que podría olvidarla antes de llegar al final de esta calle con sólo veinte números. Quizás con la boca limpia sea algo más memorable. Ella debe de saber que tiene un agujero negro de atención en su cara. No puede ocultarlo por mucho que la agache.

Y va agarrada del brazo de una amiga. No tiene pinta de ir medio mareada. Sólo de ser patológicamente tímida. Como si necesitase un apoyo para acarrear por el mundo esa boca – espectáculo. No entiendo nada. ¿Para qué se ha pintado entonces los labios? ¿Es que no la alivia esconderse detrás de ese burka magenta? ¿Por qué no los luce como un estandarte?

Antes de que nuestros caminos se crucen ella alza la mirada. Y entonces empiezo a entender algo. Para empezar, que no hay mirada en absoluto: se agarra a su amiga porque se ha dejado el bastón en casa. Andamos por una calle corta y atestada. Muchos obstáculos para una ciega. La amiga que la guía debe de haberla maquillado. Le habrá propuesto esta aventura: te pongo guapa y te llevo por el mundo. Nadie va a mirarte con lástima. Nadie va a apartarse de tu trayectoria por pudor de tropezar con el palo.

Y hasta ahí llega mi entendimiento. A partir de ese punto, misterio. ¿Tienen imagen de sí mismos los ciegos? ¿Están sometidos a la misma programación estética salvaje que los que usamos espejo? ¿Les protege el no ver de la coacción de ser vistos? ¿Tienen complejos? ¿Se dan cuenta del poder de una máscara?

La ciega de los labios preciosos se lleva su luz magenta a otro sitio. Un día me los pintaré igual y los mostraré con la misma inocencia.


labios fucsias
Podrían ser míos, pero no


13 comentarios:

  1. ¡Cuántas historias hay nada más cruzar la puerta de casa!
    Y qué bonito darse cuenta de ellas y contarlas así.
    Muas!

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    1. No debería olvidarlo, cada vez que me siento vacía de historias.
      Un beso, amigüita.

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  2. Buena pregunta la de si los ciegos tendrán imagen de si mismos.
    Yo, cuando me miro al espejo, siento como si estuviera viendo a una extraña.

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    1. Por eso no hay que mirarse más de lo justo para comprobar si no te has salido al pintarte el morro: porque al final una termina creyéndose ese rollo de que hay un personaje llamado "alma" a los mandos de un cuerpo pesado y raro.

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  3. Para que aprendamos que casi nunca nada es lo que parece.

    Últimamente estoy bastante empanada y mi capacidad de observación se ha reducido a un triste cero patatero. Creo que gracias a tí voy a hacer un esfuerzo por volverme a fijar en cosas de esas que son pequeñas pero tienen su qué.

    Un abrazo. Y salud. Y orujo.

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    1. Si leer esta cosilla te motiva a semejante esfuerzo, me sentiré bastante orgullosa. (Es la primavera, mujer)

      Dicho lo cual, a mí me cambias el orujo por un vermú con limón y hielo, que ya toca irse quitando calores.

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  4. Yo quiero que mis ojos miren como los tuyos...

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    1. Chica, si tu supieras la de dioptrías...

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  5. Lo mejor de los labios pintados de rojo es cuando empiezan a perder el color y lo ganan otros labios.

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    1. ¿Y no te parece que a la que pierde el color de esa manera se le va poniendo boca de payaso? Aunque quizás hay esté la gracia: en la pérdida progresiva y alegre de compostura.

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    2. Vaaale, sí, me dice la correctora que se me ha colado un hay. El olor a incienso y la astenia...Todo el mundo sabe que yo..hay...digo ahí...digo ay!

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  6. as beautiful as usual.

    #RosaFurcia. (mariconada de turno, lo siento)

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    1. Entonce yo soy maricona total, porque a mí me sale así automáticamente.

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