miércoles, 31 de julio de 2013

Una caja con libros

Tiene que haber una palabra más “zoológica” que leer para nombrar esto que vengo haciendo yo con mi e - libro. Alguna que haya que pronunciar escupiendo saliva, o que ponga en movimiento los jugos gástricos. Porque esto es devorar con los colmillos brillantes de sangre, incorporando más vida a la propia vida. Es que te pique el corazón, o esa parte del cerebro destinada a desencriptar lo que mueve a la risa, y no parar de rascarte hasta que estés en carne viva. Es, ya lo dije una vez, algo cercano al fornicio: partes palpitantes que se acoplan perfectamente a tus vacíos, o desajustes de entendimiento que se terminan engrasando, o un continuo ir de dentro hacia afuera, de dentro hacia afuera, y luego de fuera hacia dentro, hasta que dejas de poder diferenciar lo de dentro y lo de fuera, porque ya sólo hay un cuerpo, un organismo autosuficiente de palabras cargadas de hemoglobina, y tú ya no tienes manera de decir hasta aquí llega la historia y aquí comienza mi vida.

El formato electrónico parece acentuar ese efecto de disolución. Es siempre la misma página indiferenciada, el mismo soporte discreto para un montón de palabras que así, sin un cuerpo propio, sin olor ni volumen ni constancia de un avance, parecen susurradas por una garganta invisible directamente en tu oído. Como si fueran otro más de los componentes fundamentales del aire que respiras.

Y quizás sea porque me hallo en los primeros días de una especie de idilio extra-marital, pero el caso es que todavía no echo de menos el papel fragrante de los libros materiales. El tinte que les da la edad y el roce de cien manos distintas. La biblioteca a la que uno entra como a un templo, lleno de fe y reverencia. Las portadas que parecen pájaros multicolores en una jaula del tamaño de un hombre. El tacto satinado como unas medias de nailon, o algo basto como la barba de un dia. Todavía no necesito ese fetichismo para excitarme con lo que se me está contando.

Ahora sé que no debería, que tendría que estar lo bastante inserta en la acción de la escritura como para no dejar espacio a ningún otro objeto de amor, pero lo cierto es que mi corazón tiene una vocación multivariable bien desarrollada, y que no veo la hora de cerrar la tapa del ordenador para ponerme a leer de nuevo. ¿Qué te tiene así de frita? puede que os preguntéis. Y mi respuesta es: Salvaje, de una tal Cheryl Strayed. O la historia real de una lerda inconsciente que se lanza a recorrer a pie, sola, la cadena de montañas que encrespan la costa oeste americana, desde el desierto de Mojave hasta chispa más abajo de Canadá, en busca de la persona sólida y resistente que fue antes de que su familia se deshiciera tras el cáncer fulminante de su madre. Sólo puedo decir que, a fuerza de depredación, rascado y fornicio, y de olvidar la diferencia entre mi adentro y su afuera, me duelen los músculos todos del cuerpo y la planta de los pies. Voy con ella, paso a paso, con los hombros despellejados por el peso de la mochila. Soy ella, cada vez más robusta y más desprendida. E igualmente, me voy canturreando por el camino que El temor engendra temor. La fuerza engendra fuerza.

En uno de los incontables momentos en los que Cheryl la Pardilla está a punto de abandonar su absurda travesía, se acuerda de la caja de provisiones que se mandó por correo a sí misma, en la fase de preparativos, y que debe de estar esperándola al final de la primera etapa. Esa imagen logra que siga adelante; a mí, en cambio, me obliga a pararme. Pienso en una caja parecida. En lo que podría meter en ella para que me sirviera en etapas futuras de mi vida.Y hago mi propia lista: rodillas ágiles. Unos antebrazos fuertes para agarrarme bien a los asideros. Todas las raciones que cupieran de curiosidad y de risa. Un corazón liviano. Atención compasiva. Bastantes metros cúbicos de aire libre. Comida de colorines. La certeza de que la brújula de la escritura me llevará por buen camino. Un avituallamiento salvaje de monosílabos afirmativos. Confianza.

Y libros.

Espérame en el lecho, amor

3 comentarios:

  1. Comparto la lista de "indispensables" para la caja y el gusto por fagocitar tiernecitos libros.

    Besos...

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  3. Anónimo entre comillas01 agosto, 2013 13:09

    Nos cansamos de escuchar que no sería lo mismo leer sin esos pequeños ritos que enumeras bien, pero aquí estamos, disfrutando como siempre, con el añadido mágico de que parece que esta nueva herramienta es un pozo inagotable del que según vas sacando agua fresquita encuentras más y más. No salgo de mi asombro...
    Quiero leer, ya, ese "Salvaje". Sé que me va a gustar.

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